El sexo es uno de los terrenos donde se enuncian las ideas más peligrosas. Oscar Wilde afirmó que “no hay ninguna idea que no sea peligrosa, ya que pensar es atreverse a entrar en territorios inimaginables”. Pues bien, el sexo desde tiempos remotos es un tema que genera pasión, erotismo y placer; así como también oposiciones decimonónicas y descaminadas, exasperaciones que prolonga un sexo libre con responsabilidad.
El escritor norteamericano Gore Vidal viene creando polémicas sobre el asunto desde que comenzó a escribir a la edad de 20 años. Famoso por su ironía, la perspectiva de Gore es que a diferencia de los moralistas suele poner sobre el tapete su propia vida como testimonio. En un artículo publicado recientemente declara que desde muy joven descubrió la formula que le permitió acceder a una prolongada vida feliz: Tener sexualidad sin culpas, disfrutando de sus relaciones a plenitud. Si se quiere ser feliz, dice Vidal, hay que separar el afecto del placer sexual, ya que son incompatibles. En la escena local, Marco Aurelio Denegrí lo ha repetido en todos los tomos, asegurando que el amor en el sexo suele ser más bien un estorbo. Ante dichos enunciados se puede homologar que el sexo no necesariamente tiene que estar ceñida al amor.
Ante el hecho de que dos cuerpos desnudos se encuentren para compartir la pasión y el erotismo, es tan grandioso como pasajero o fugaz, como estable o duradero. La grandilocuencia de un sentimiento mayor en el encuentro ya es cosa de azar.
Otro famoso escritor, Norman Mailer, afirma que “la masturbación es mala, lo mismo que la anticoncepción, porque el fin del sexo es la reproducción”. Aquella aseveración fue el preludio que motivó que Vidal se le fuera encima. En estos tiempos se impugne a Mailer ante tremenda aberración.
Algo que se acentúa en el Perú es la capacidad en comprender que el sexo se puede disfrutar sin estar de por medio la procreación, libres de la preocupación que nos impone exorbitante responsabilidad cada vez que se tiene sexo con o sin amor. Para eso, claro está, existen los métodos adecuados y valga la información. Nada que contradiga, por otra parte, la felicidad extrema de dos personas que deciden voluntariamente traer un hijo a este mundo.
Si el sexo solo tuviera que ver con la reproducción de la especie le estaríamos negando su otra categoría, valida en si misma, esa que nos conduce al territorio misterioso y pleno del erotismo.
La libre sexualidad ejercida con responsabilidad y sin represión hace personas más felices y equilibradas, y por lo tanto mejores individualmente y en sus relaciones. Que se de una sexualidad libre madura y sin riesgo.